Desde niña supe
que pintaría toda la vida, desde niña hasta
hoy, no he dejado de hacerlo. Hasta mis cuarenta años,
el camino fue difícil y duro, no era consciente de
que yo misma tenía y ponía las trampas que me
impedían lograr todo aquello que deseaba: pintar sin
límites de materiales, espacio y tiempo, y exponer
libremente para mostrar y vender los cuadros. La pintura me
llevó a mi gran crisis emocional y la vida me obligó
a detenerme y buscar en mi interior.
Aprendí
a mirarme cara a cara, sin máscaras ni miedos, sin
reproches ni culpas y empecé de nuevo, después
de despedirme, agradecer y quemar en la hoguera de San Juan,
parte de mi vida manifestada en más de 500 cuadros.
Fue una liberación.
Empecé desde cero y todo era posible,
ya no podía expresar mis miedos, tristezas o enfados
a través de la pintura, había aprendido a hacerlo
con otros lenguajes y el arte ahora me brindaba la ocasión
de aprender a entregarle lo mejor de mi. Encontré en
mi caminar, un texto de Nícolas Roerich que me tocó
en lo más profundo del corazón haciéndome
reflexionar, entonces tomé decisiones que definirían
una nueva etapa de mi vida.
Dejé el mundo de las galerías
de arte y el camino del reconocimiento artístico. La
plenitud de pintar para manifestar y entregar la belleza,
la alegría, la calma, la fuerza... que sentía
dentro de mi interior era lo más valioso, había
que mostrarlo y entregarlo fácil y por una vía
asequible.
La intuición me llevaba por nuevos caminos y creé un juego de cartas de ángeles, aquellas pequeñas cartas, sencillas, llenas de ternura e inocencia movilizaron toda mi vida. Desde entonces mi creatividad se abrió a experimentar en nuevos lenguajes artísticos. A medida que hacía las paces en mi interior creció la necesidad de búsqueda y manifestación de la belleza. Poco a poco fui desarrollando un trabajo profundo a través del color que espontáneamente ya se había iniciado en mi adolescencia a través de la fuerza de los pigmentos.
El color a través de la pintura, la escritura y más tarde a través de la fotografía ha sido mi guía como camino de acercamiento y comprensión de la luz interna y externa del ser humano. En mi última etapa el color como manifestación de la luz junto con el sonido, forman un equipo completo de belleza.
Y esto me permite:
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